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DESDE
EL MOMENTO QUE CREISTE
En
una ocasión un hombre se acercó a Jesús con una petición muy
importante para el. Tenía un hijo muy enfermo que estaba a punto de morir.
Le rogó al Señor que por favor lo sanara.
Jesús respondió a aquel ruego con la siguiente expresión: "Vete,
tu hijo vive" (Juan 4:46-50).
Aquel
hombre creyó la palabra que Jesús le dijo y se fue de regreso a
su casa, la cual le quedaba a un día de camino.
Cuando ya casi llegaba recibió la noticia de que su hijo ya estaba
sano. Al preguntar que desde
cuando había comenzado a mejorar pudo comprender que coincidía con la
misma hora en que Jesús le dijo "...tu hijo vive".
(Juan
4:50-54).
La
experiencia de aquel hombre nos recalca la importancia de creer la palabra
de Dios. El creyó y se regresó
a su casa para ver con sus ojos el fruto de su fe.
Al día siguiente de haber creído pudo corroborar que el milagro
había acontecido.
Es
importante que observemos que el milagro no ocurrió cuando él con sus
ojos pudiera observarlo. Ocurrió
en el momento en que escuchó la Palabra de Jesús y la creyó. Desde
el momento en que su corazón estuvo dispuesto a creer comenzó la Palabra
del Soberano a producir efectos sobrenaturales en la petición de aquel
hombre. Aunque los ojos de
aquel hombre no estuvieran viendo nada algo poderoso ya estaba ocurriendo.
Así
tiene que ser nuestra fe. Una
fe que comprenda que nuestra parte es creerle a Dios y a su Palabra.
Que no dependa de lo que
veamos sino de la convicción que tenemos que tener en el corazón de que
el que la dijo es fiel y poderoso para cumplirla. Una
fe que comprenda que el milagro ocurre no cuando lo veamos sino desde el
momento en que a Dios le creamos.
Cuando
así es nuestra fe podemos estar seguros de que desde el momento en que
creamos muchas cosas comienzan a ocurrir para que el propósito de Dios
sea alcanzado. Comienza a
movilizarse toda una cadena de sucesos que tienen como meta responder la
fe del corazón de los creyentes fieles. Toda una maquinaria espiritual se
moviliza para bendecir tu vida. Y
todo ello estaría ocurriendo a nuestro alrededor aún cuando nuestros
ojos no estén viendo nada.
Créele
a Dios y a su Palabra y guarda en tu corazón la certeza de que aún
cuando tus ojos no han visto la respuesta a tus ruegos algo poderoso ya se
ha iniciado para
bendecir tu vida. La provisión
divina viene de camino.
¡Que
Dios te bendiga!
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